¿Por qué me hablas cuando me haces acupuntura?

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¿POR QUÉ ME HABLAS MIENTRAS HACES ACUPUNTURA?
(Un día cualquiera…)

Cuando somos pacientes nos comportamos como cuando somos clientes en cualquier servicio que solicitamos. Unos queremos saber y otros no. La relación es un tanto especial no obstante, cuando se trata de salud, pero convendréis conmigo en que hay relaciones difíciles y otras más llevaderas.

El otro día una mujer joven me comentó lo siguiente casi finalizando una sesión de acupuntura: ¿cómo es posible que hables todo el rato y sepas dónde ponerme las agujas?

Le dije: “Cada persona, cada uno de nosotros somos distintos. En tu caso me he dado cuenta de que te pones muy nerviosa y te gusta hablar. Te explico: cada punto principal está en un sitio concreto, para todo el mundo igual, es el mismo lugar, más o menos lejos de ciertas referencias corporales, por lo que influye nuestro tamaño. Te hablo para entretenerte y que no pienses si te va a doler o no, que es en realidad lo mismo que tú haces, hablar. Pero mientras te hablo, no te das cuenta de que yo tomo y busco las referencias de tu cuerpo, busco los sitios adecuados y pongo las agujas, sin que pienses en ello y se te pasan los nervios”. Al acabar la sesión le enseñé lo que es un cun, dónde está P7, a buscar E36, puntos fáciles de localizar y lo comparé con la localización en mí misma (ella es más grande que yo). Le dije: “solo hay un momento en que me callo y te pido silencio, y es cuando tomo el pulso porque sino, no oigo bien”. Se rió, y dijo, “es verdad”. Le ayudé a tomar mi pulso colocando los dedos de modo adecuado y una sonrisa cambió su cara.

Me dijo… “pues tienes razón, pensé que pinchabas así, por las buenas… Aunque a mí me sienta bien. Y a continuación preguntó ¿Cuántos puntos de acupuntura hay?”. Estuvimos hablando mucho tiempo, llevaba muchas semanas viniendo y hasta ese día ella no había sentido la curiosidad.

Algunas personas necesitan saber, otras no tanto, solo quieren que les hagamos el tratamiento y ya está. Cada persona, es diferente, no se trata solo de hacer o dar un tratamiento o terapia, sino de cómo lo hacemos, qué explicamos, qué margen de decisión les dejamos u ofrecemos.

Como profesionales de la salud, si nos preguntan, hemos de tener respuestas acordes con la capacidad de comprensión y generar confianza. La confianza es la clave de la relación. Y hemos de dedicar tiempo a conocer a nuestro paciente, no solo a qué le pasa, pasa saber actuar del modo más acertado para ellos. Hemos de enseñarles a cuidarse, pues ellos son, cada uno de nosotros somos, los principales cuidadores de nuestra salud. Los profesionales somos herramientas, que proponemos qué hacer y cuándo, pero hacer, lo que se dice hacer, lo hace todo el paciente, su Ser, su cuerpo. Somos sus servidores.

Un farmacéutico muy mayor me explicó desde su despacho en su vieja botica: “los productos que se llevan, toman o utilizan son parte del recuerdo del hecho de que han hablado con nosotros, han compartido con nosotros; y cuando nosotros no estamos, en su casa, ese producto, es la imagen de la confianza y la relación que creamos como seres humanos. ¿Efecto placebo? Como cuando vamos a urgencias y ya nos sentimos mejor… Bendito efecto placebo.

Por una sanidad más humana. Por una ciencia más humana.

Un abrazo. Sé feliz, sé saludable.

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