Vacunas. ¿Ángeles o demonios?

A lo largo de los más de 25 años de profesión han sido muy numerosas las ocasiones en que, en público, en eventos docentes o en privado en distintos países, he sido preguntada por la conveniencia o no de las vacunas, presuponiendo que dado que mi actividad principal se desarrolla en torno a las medicinas naturales y a los productos complementarios, nutricionales, inmunomoduladores, etc., yo estaría en contra de la vacunación. Y sé que algunos se han sentido defraudados cuando he dicho que yo había vacunado a mi hijo, “de lo de siempre”, no de aquellas que salen más bien, como respuesta social que como utilidad médica.

Cada vez que me han preguntado al respecto, he explicado que la ciencia ha logrado grandes avances y uno de ellos son las vacunas. La mayoría de ellas están suficientemente probadas y experimentadas, y nos protegen frente a enfermedades graves.

Algunas pueden ponerse en entredicho por los efectos secundarios o la aparente poca claridad de su puesta en el mercado.

Sin embargo, cuando para justificar la no vacunación se dice que pueden dar problemas por ejemplo, la triple vírica… Bueno sabemos que existen modos en medicina natural de minimizar esa posibilidad, con una correcta pauta de recomendaciones suplementarias simultáneas a la vacunación. Y suele ser útil, dado que ni siquiera los efectos menores puntuales de la vacunación se producen.

Lo que más me dicen es que “ya no hay enfermedad”. Pero las personas que no están vacunadas deben su protección a que la mayoría está vacunada. Al estar vacunada la mayoría de la población, las bacterias, por ejemplo, no alcanzan la posibilidad de desarrollar la enfermedad al entrar en contacto con un organismo y, por ello, tampoco se pueden reproducir para ser fuente de contagio, ni formadoras de toxinas bacterianas. Un cuerpo sin vacunar es un lugar de cultivo y se pone en riesgo su salud y las de otros que tampoco estén vacunados. Un cuerpo sin vacunar pone en riesgo su vida ante enfermedades que no son benignas. No hablamos de una varicela… Hablamos de difteria, de poliomielitis, viruela…

Siempre hacía esta reflexión: hay mucho intercambio de personas, animales y gérmenes (recuérdese epidemias recientes), y por otro lado… ¿y si a los hijos les da por ir a un sitio donde no están protegidos? Valorando y dado que, repito, existen medios para minimizar los posibles efectos secundarios de las “vacunas de toda la vida”; sí, yo prefiero vacunar.

Preguntan por la del papiloma… Ahí tengo mis reservas. La suplementación con Coriolus puede eliminar el virus en 3-6-12 meses, casi todas las cepas, en el supuesto de que hiciera falta. Hay muchos estudios y gran experiencia. Personalmente he tratado muchos casos y difundo en mis conferencias cómo tratarlos. En casos de infección por HPV tener un buen sistema inmune y controlar los factores que alteran su equilibrio es esencial. Por ello, también para la prevención, el sistema inmune y los factores mucosos locales, son primordiales.

Pero la reciente noticia sobre el caso de difteria me ha hecho recordar tantas conversaciones acerca de la vacunación. En el 1997 hubo una alarma y se vacunó casi sin pensar… Volvemos al tema recurrente. Ya The Lancet se retractó de “aquella información” pero, como ocurre con las noticias o artículos que destrozan algo o a alguien, el daño está hecho, y la reposición no va adjunta al artículo original.

Deseo de todo corazón que el niño enfermo se recupere muy pronto y todo quede en un mal recuerdo y un susto. ¡Ponte bueno pronto!.

Para finalizar, reconozco mi emoción por la forma en que se ha movilizado el mundo para buscar los medios necesarios. Ojalá para todo fuéramos así.

Un abrazo.

Nuria

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